viernes, 21 de mayo de 2010

Nocturnos, en clave de ausencia

Trigésimo nocturno


¿Dónde habrán ido a parar mis juguetes de pibe?
Hoy, sin querer, llevado por algún raro sentimiento abrí un cajón que había dejado olvidado en mis sueños. Revolviendo papeles, llaves oxidadas, baratijas viejas y debajo de una fotografía mía, de Adán bebé, descubrí una bolita blanca con una guarda roja. Increíblemente había encontrado la puntera cachada con la que había melado a tantos principiantes en el juego de las bolillas en mi tiempo de pibe. La llevé triunfalmente apretada en la mano, emocionado, para enseñársela a mis nietos. Ellos la observaron por un tiempo como si fuese un fósil de la edad del fuego... No supe qué más contarles o qué decirles. El más chico, de repente, corrió hasta la computadora... después lo siguieron su hermano y los primos. Abrieron un juego de esos que ellos tan bien entienden y me di cuenta de que, en muy poco tiempo, habían destruido un mundo virtual porque, justamente, el más chico apretó una tecla equivocada... Mientras peleaban y discutían sobre quien era el culpable del error, tomé la bolita y me la puse en el bolsillo del pantalón para devolverla al viejo cajón en la que había permanecido en el sueño de los años... Cuando fui a guardarla me di cuenta de que la había perdido en el camino de regreso a casa... El bolsillo de mi pantalón estaba agujereado.
Prometí que jamás volvería a preguntarme adónde habrían ido a parar mis juguetes de pibe...

Nocturnos, en clave de ausencia

Vigésimo noveno nocturno


Perfección...
Seres perfectos que no existen. Porque serían marginados. Para ser amado, se necesita ser imperfecto.
El negocio de vivir tiene idénticos créditos para todos. A la vera del arroyo de la vida van asidos de la mano el bien con el mal y la culpa con la ingenuidad. Se camina por orillas, barrancos y cañones diferentes, con precipicios tan profundos como fríos y misteriosos...
Buenas y malas acciones al alcance de las manos. Las buenas simplemente son las esperanzas que el hombre pone en cada hombre. Las otras son las actitudes solapadas.
Actitudes. Las que se cometen y las que nadie puede cometer. Acciones que sembrando sospechas hacen que los hombres caigan sobre los hombres. Postura de los soberbios, de los que creen ser perfectos, de los que piensan haber logrado el plano de la omnipotencia caminando en un espacio que no les corresponde, en la dimensión que sólo le pertenece a Dios.

Nocturnos, en clave de ausencia

Vigésimo octavo nocturno

Antes; y de esto no hace tanto tiempo, había caminos que te abrigaban en todos los sentidos cobijándote en todas las direcciones cuando a vos se te daba la simple idea de partir... digo... ¡irte sin escaparle a nada, ¿no?!. Pero, desde hace algún tiempo, a mí, por lo menos, se me da que, por esos mismos y únicos senderos se cruzan algunos fantasmas... Hermanos, parientes y amigos que uno creyó que se habían ido hace rato y para siempre como buenos conocedores de las cosas de la vida. Estos fantasmas, por lo menos eso creo yo, te enlazan y te traen de regreso, en el mejor de los casos, al lugar del que todos, de una u otra manera, usamos de punto de partida...
Entonces, al no poder partir, la buena literatura resulta poca... la televisión asusta, la radio trasmite más cantidad de partidos perdidos y empatados que ganados; y muy poco de aquella música que... en fin, qué sé yo...
Antes; y de esto no hace tanto tiempo, los caminos te abrigaban en todos los sentidos, cobijándote en todas las direcciones; más, cuando a vos se te daba la simple manía de partir...
¿Será que uno se despide de las cosas buenas y sencillas sin saber que lo hace? ¿Será que llegó el tiempo de descorchar, para servir y brindar con esos fantasmas, el vino que uno guardó, en soledad, para las grandes ocasiones?... ¿Será que a esto se le llama envejecer? Vaya uno a saberlo, ¿no?
El asunto, insisto... es que, los caminos por los que ayer iba, hoy... hoy, indefectiblemente vuelven.

lunes, 17 de mayo de 2010

Nocturno, en clave de ausencia

Vigésimo séptimo nocturno


EL HOMBRE QUE AÚN NO SABE QUE ESTÁ SOLO
(Perfume de los primeros años del siglo XXI)
(Un poema, hecho sin la PC)

Ciertamente, pero tan cierto,
que resulta diferente.
Indistinto, pero tan distinto,
como la masa de una sombra.
La noche morena nombra
al hombre que, sin nombre,
desvanece auroras en su esquina.
Piensa en ¿cómo es la soledad?
Y; solo, ciertamente,
comparte con nadie, simplemente,
la manía de estar solo...
la cobardía de ser sólo
un remolino de su vida.

Nocturnos, en clave de ausencia

Vigésimo sexto nocturno

La mesa...
Un ensamble de tablas anchas sobre la que apoyaba o aún apoyo el papel en el que escribo o escribía, por ejemplo, estas cosas. Estas cosas que nacen o nacían, ¿quién sabe de qué profundidad de mi mente o de qué figura material trastornada del universo? La mesa, desnuda, no tiene ni tuvo siquiera una planta ni el recuerdo de una flor. Las plantas y las flores están o estaban en las frases escritas... frases dictadas por fantasmas de madera, tinta y papel...
En fin, ¿por qué no?
Debo atreverme y contarlo, después de todo son cosas de escritores...
Anoche...
Anoche me dormí, no sé por cuánto tiempo, cuando el universo golpeó a la puerta de mi conciencia... pegó tan fuerte que me despertó. En el centro de la mesa, lejos de la pila de papeles, imaginé una hermosa planta verde y ocre; y, en un florero, un jazmín. Me incorporé asustado, corrí hasta la realidad y desde ahí le pregunté a la mesa: “¿por qué querés cambiar ahora?”... Como nada ni nadie me contestaba, nuevamente me acerqué a la mesa y me senté frente a la pila de papel y... y, leí lo que me figuré que ahí estaba escrito: “Dejá las preguntas... ya lo sabemos... a mí, tanto como a tus versos que intentás convertir en prosas nos queda poco. La planta y la flor son símbolos... vos y yo, ya lo dejamos todo.”
Era la madrugada y me dije con severidad... “¿¡Por aquí, quién anduvo escribiendo eso!?”
Por primera vez en mi vida, sentí que el universo no quiere ni quiso responderme.

Nocturnos, en clave de ausencia

Vigésimo quinto nocturno

Pensar. Arte. Expresiones de la vida. Distintas. Porque hay mundos diferentes. Uno de ellos simplemente existe sin que se hable demasiado de él. Apenas se lo tiene en cuenta a pesar de que se lo ve, se lo palpa, se lo siente. Es el mundo real. Los otros necesitan de la vida misma y, es indispensable hablar de ellos porque de otra manera no se advierten. Paralelos entre sí son, la música, la pintura, la poesía, la escultura,... Los mundos del arte.
Vivir es un arte...
El arte de vivir permite hacer ese tipo de historia que se logra a través de todos los hombres, sin excepción, y de la que muy pocos escriben pues, siendo compacta es a veces precisa y otras injusta...
Si cada hombre escribiese la historia, como sólo él la comprende, ella no existiría. Se crearían mundos con caminos oblicuos. Cesaría el paralelismo. Se cruzarían tantos intereses como seres hubiera en el mundo. Moriría el arte. Sólo quedaría el mundo real. El material. No habría nada de qué hablar. Nada para crear. Acudiría el ocaso de la imaginación. Se terminaría la vida, se destruiría la fe, se evaporaría el alma, desaparecería Dios.

viernes, 14 de mayo de 2010

Nocturnos, en clave de ausencia

Vigésimo cuarto nocturno

Jugar con las llamas. Aprender a no quemarse. Experiencias. Antifaz de los errores. Desencuentros. Bultos pesados arrojados lejos por temor. Con desconfianza de que alguien los encuentre y nos lo tiren en contra. Pero... hay un hito de belleza. De misterio. Inolvidable. Capaz de revelarlo todo.
Rocío. Lágrimas de luna robadas a una estrella. Coalición del hombre con la Creación. Arrebatarle una rosa al rosal. Moverle los átomos al universo. Desordenarle el cosmos a Dios.