Decimonoveno nocturno
¡¡¡Shhh!!!
¿Preguntás por qué te pido silencio? Acaso, ¿no te das cuenta de que está soñando? Leé; leé en silencio y te voy respondiendo. El diálogo, únicamente, es entre vos y yo. ¡No!, no se dará cuenta de que estamos conversando.
¡¡¡Shhh!!!
¿Qué es lo que sueña? Sus sueños son recurrentes y muchos. Leé; leé y, mientras tanto, te los iré contando.
¡¡¡Shhh!!!
Entre tantos sueños; sueña que los pájaros cantan porque deben hacer salir al sol y que las aves sobrevuelan los prados, los ríos y los mares porque deben hacer caer al día y que se sobrecogen para hacer la noche. Sueña que en los viñedos las uvas están llenas de vino. Sueña que sus deseos cumplidos suben, en múltiplos de tres, desde el horizonte al cielo, para hacer estrellas fugaces…
¡¡¡Shhh!!!
¡No!, no sueña que las cosas son al revés… ¡tonterías!; ¡nosotros las entendemos al revés porque estamos del otro lado de los sueños!
¡¡¡Shhh!!!
martes, 27 de abril de 2010
viernes, 23 de abril de 2010
Nocturnos, en clave de ausencia
Decimoctavo nocturno
¿Niñez?, qué sé yo... Lejos. Aunque nada, ni nadie, puede estar tan allá. Más alejado que el pensamiento o los recuerdos. Cosas que están adentro... Tan cerca de nosotros.
Pensar y recordar es parte del arte y quien lo hace gira en sí mismo, retrotrayendo la vida a la figura de su esencia. Un plano que separa los ángulos del pasado de los del futuro.
Ventanales de vidrio transparente en habitaciones que dan al patio, al jardín, a la luz... La pieza oscura producía temor; aunque el alivio acudía a la mente porque la noche aún no llegaba.
¿Niñez?, qué sé yo... Lejos. Aunque nada, ni nadie, puede estar tan allá. Más alejado que el pensamiento o los recuerdos. Cosas que están adentro... Tan cerca de nosotros.
Pensar y recordar es parte del arte y quien lo hace gira en sí mismo, retrotrayendo la vida a la figura de su esencia. Un plano que separa los ángulos del pasado de los del futuro.
Ventanales de vidrio transparente en habitaciones que dan al patio, al jardín, a la luz... La pieza oscura producía temor; aunque el alivio acudía a la mente porque la noche aún no llegaba.
miércoles, 6 de enero de 2010
Nocturnos, en clave de ausencia
Decimoséptimo Nocturno
Tiempo...
Tiempo medido. Tiempo despreocupado. Cosas, que marcaban cosas. Épocas, que marcaban épocas.
Épocas y cosas. El barrilete, las bolitas, las figuritas, el trompo, los picados y lo que se creara marcando un período distinto a lo demás. Todo cabía en un año.
Tiempo y duración son ideas francas. No pueden definirse mejor que por sus propias palabras. Memoria, conciencia lineal y ordenada de pensamientos y acontecimientos.
Tiempo vivido. Ese, que nos sitúa en un centro tosco de experiencias intelectuales, que encausa los datos inmediatos de la conciencia.
Sentimientos confusos de las duraciones. Tiempo del envejecimiento del cuerpo. Un lapso diferente para la niñez. Para los adultos el tiempo corre, vuela más rápido, transformándose de vivido a biológico. De celular a sicológico. ¿No somos, acaso, un reloj de arena vestido sobre el alma y los sentimientos? El envase es deteriorable. Frágil. De sílice, como los granos de adentro que, diseminándose tal cual las semillas al viento, tienen historia. Pero el vidrio, el recipiente, si se astilla lastima, corta, mata... Muere.
De mi libro “Historias en La Mayor (Cuentos que cuentan cuentos)”.
Obra editada y presentada en el año 1998 en la ciudad de Zárate, Bs. As.
Y, en el año 1999, en la Feria del Libro en la ciudad Autónoma de Bs. As.
Tiempo...
Tiempo medido. Tiempo despreocupado. Cosas, que marcaban cosas. Épocas, que marcaban épocas.
Épocas y cosas. El barrilete, las bolitas, las figuritas, el trompo, los picados y lo que se creara marcando un período distinto a lo demás. Todo cabía en un año.
Tiempo y duración son ideas francas. No pueden definirse mejor que por sus propias palabras. Memoria, conciencia lineal y ordenada de pensamientos y acontecimientos.
Tiempo vivido. Ese, que nos sitúa en un centro tosco de experiencias intelectuales, que encausa los datos inmediatos de la conciencia.
Sentimientos confusos de las duraciones. Tiempo del envejecimiento del cuerpo. Un lapso diferente para la niñez. Para los adultos el tiempo corre, vuela más rápido, transformándose de vivido a biológico. De celular a sicológico. ¿No somos, acaso, un reloj de arena vestido sobre el alma y los sentimientos? El envase es deteriorable. Frágil. De sílice, como los granos de adentro que, diseminándose tal cual las semillas al viento, tienen historia. Pero el vidrio, el recipiente, si se astilla lastima, corta, mata... Muere.
De mi libro “Historias en La Mayor (Cuentos que cuentan cuentos)”.
Obra editada y presentada en el año 1998 en la ciudad de Zárate, Bs. As.
Y, en el año 1999, en la Feria del Libro en la ciudad Autónoma de Bs. As.
sábado, 26 de diciembre de 2009
Nocturnos, en clave de ausencia
Decimoquinto Nocturno
Vivir. Una comedia que termina en drama.
Existir. Una tragedia que culmina en burla.
De todos modos, debemos agradecer que exista la belleza y el humor. Porque son cosas que estructuran lo placentero, elevándolo a un nivel superior.
Todo lo hermoso es producto de un mismo instante... De una misma época.
Lo gracioso es genuino.
La vida, la existencia, lo bello, el humor, la historia y el tiempo se funden en una misma caldera. Su aleación es indeteriorable. Se transmite continuamente de memoria a memoria, con cada hombre y en cada generación.
De mi libro “Historias en La Mayor (Cuentos que cuentan cuentos)”.
Obra editada y presentada en el año 1998 en la ciudad de Zárate, Bs. As.
Y, en el año 1999, en la Feria del Libro en la ciudad Autónoma de Bs. As.
Decimosexto Nocturno
Pepe discutió conmigo algo que después, reflexionando, me reproché el habérselo negado, quizás de contrera no más. Me sentía avergonzado. Este Pepe insistía, en su charla en el café, que hay instantes en los que es preciso optar entre vivir la propia vida plenamente y, más que plena, enteramente. Decía y no sé por qué lo discutí que la vida se debe vivir de esa manera o de lo contrario se arrastra una existencia falsa, superficial y degradante. Mientras caminaba en la oscuridad de la calle, casi llegando a mi casa, tuve que decirme que fui un estúpido. Incluso, los otros deben haber pensado que era una idiotez refutarlo... Quizás pueda justificar que lo hice para consumir adrenalina no más... siempre pensando en el laburo, en mi jefe y, en fin... ¿Cómo le había dejado escapar a mi inteligencia que todo lo que Pepe dijo es lo que el mundo, en su hipocresía, exige...? Debía disculparme y darle la razón. Al otro día, sin falta, lo haría y... Sí, eso es, ¡daría parte de enfermo para hacerlo bien!
Vivir. Una comedia que termina en drama.
Existir. Una tragedia que culmina en burla.
De todos modos, debemos agradecer que exista la belleza y el humor. Porque son cosas que estructuran lo placentero, elevándolo a un nivel superior.
Todo lo hermoso es producto de un mismo instante... De una misma época.
Lo gracioso es genuino.
La vida, la existencia, lo bello, el humor, la historia y el tiempo se funden en una misma caldera. Su aleación es indeteriorable. Se transmite continuamente de memoria a memoria, con cada hombre y en cada generación.
De mi libro “Historias en La Mayor (Cuentos que cuentan cuentos)”.
Obra editada y presentada en el año 1998 en la ciudad de Zárate, Bs. As.
Y, en el año 1999, en la Feria del Libro en la ciudad Autónoma de Bs. As.
Decimosexto Nocturno
Pepe discutió conmigo algo que después, reflexionando, me reproché el habérselo negado, quizás de contrera no más. Me sentía avergonzado. Este Pepe insistía, en su charla en el café, que hay instantes en los que es preciso optar entre vivir la propia vida plenamente y, más que plena, enteramente. Decía y no sé por qué lo discutí que la vida se debe vivir de esa manera o de lo contrario se arrastra una existencia falsa, superficial y degradante. Mientras caminaba en la oscuridad de la calle, casi llegando a mi casa, tuve que decirme que fui un estúpido. Incluso, los otros deben haber pensado que era una idiotez refutarlo... Quizás pueda justificar que lo hice para consumir adrenalina no más... siempre pensando en el laburo, en mi jefe y, en fin... ¿Cómo le había dejado escapar a mi inteligencia que todo lo que Pepe dijo es lo que el mundo, en su hipocresía, exige...? Debía disculparme y darle la razón. Al otro día, sin falta, lo haría y... Sí, eso es, ¡daría parte de enfermo para hacerlo bien!
domingo, 20 de diciembre de 2009
Nocturnos, en clave de ausencia
Decimocuarto Nocturno
La luz, a veces, aparenta ensombrecerse en el espacio dando dimensiones complejas. Amarillas. Una sepia, pincelada con vientos, en la que los relojes escapan, librándose del seno del torbellino, para caer en un oscuro precipicio de tiempo.
Existen muchos días, algunas semanas y otros meses inexplicables. Épocas enhebradas en un vestido de cosas sobre las que, sin comprenderlo, lloramos o reímos con los ojos opacos. Abismalmente abiertos.
¿Y la luz?
¿Y los relojes?
Está claro que la luz y los relojes volverán a ser claridad y tiempo. Porque así es todo en la vida. Regresarán algún día, escalando sobre sus mismas caídas sinuosas. Trepando pétalos marchitos guarecidos bajo un jirón de tormentosas nubes.
De mi libro “Historias en La Mayor (Cuentos que cuentan cuentos)”.
Obra editada y presentada en el año 1998 en la ciudad de Zárate, Bs. As. Y, en el año 1999, en la Feria del Libro en la ciudad Autónoma de Bs. As.
La luz, a veces, aparenta ensombrecerse en el espacio dando dimensiones complejas. Amarillas. Una sepia, pincelada con vientos, en la que los relojes escapan, librándose del seno del torbellino, para caer en un oscuro precipicio de tiempo.
Existen muchos días, algunas semanas y otros meses inexplicables. Épocas enhebradas en un vestido de cosas sobre las que, sin comprenderlo, lloramos o reímos con los ojos opacos. Abismalmente abiertos.
¿Y la luz?
¿Y los relojes?
Está claro que la luz y los relojes volverán a ser claridad y tiempo. Porque así es todo en la vida. Regresarán algún día, escalando sobre sus mismas caídas sinuosas. Trepando pétalos marchitos guarecidos bajo un jirón de tormentosas nubes.
De mi libro “Historias en La Mayor (Cuentos que cuentan cuentos)”.
Obra editada y presentada en el año 1998 en la ciudad de Zárate, Bs. As. Y, en el año 1999, en la Feria del Libro en la ciudad Autónoma de Bs. As.
sábado, 19 de diciembre de 2009
Nocturnos, en clave de ausencia
Decimotercero Nocturno
En mi pueblo vive un hombre viejo que acostumbra a hablar en voz alta sentado en uno de los bancos de la plaza. Le dicen “el loco Daniel”. Él repite e insiste en que la personalidad es algo misterioso.
Una tarde, yo pasaba caminando frente a él y, de repente, me señaló con su dedo índice y masculló con amargura que, “a veces, las personas no se estiman por lo que hacen... que eso es, como lo dicen en un tango, puro cuento”... Fruncí el ceño y con gesto de extrañeza me senté a su lado. El hombre me siguió con la vista y, de repente, bajó la cabeza y dejó de señalarme. Empezó a remover con sus alpargatas rotas el ladrillo picado del piso en el que se hundían las patas de hierro del banco verde de la plaza. Me dijo que las personas pueden observar la ley y, sin embargo eso carece de valor. Explicó tener un amigo preso por haberle robado a un cana y otro paseando por Europa con el dinero que consiguió al vender (aquí no mencionó la palabra robo) a escondidas y sin permiso las mejores joyas de su abuela moribunda... El viejo seguía murmurando y, en realidad, me alejé porque tuve miedo de que pensaran que también yo estaba loco. Crucé la calle y entré al café de la esquina. Pensaba en el viejo cuando vi, a través de uno de los ventanales, a cuatro policías prolijamente uniformados repartirse una coima recién cobrada a un pobre infeliz, asustado, que manejaba un cacharro de laburo en contramano. Cuando terminé de tomar el café balbuceé, a media voz, que la verdadera perfección de los hombres gravita, no en lo que tiene, si no en lo que es. La gente, sentada a las mesas de mí alrededor y el mozo me miraron con atención…
En mi pueblo vive un hombre viejo que acostumbra a hablar en voz alta sentado en uno de los bancos de la plaza. Le dicen “el loco Daniel”. Él repite e insiste en que la personalidad es algo misterioso.
Una tarde, yo pasaba caminando frente a él y, de repente, me señaló con su dedo índice y masculló con amargura que, “a veces, las personas no se estiman por lo que hacen... que eso es, como lo dicen en un tango, puro cuento”... Fruncí el ceño y con gesto de extrañeza me senté a su lado. El hombre me siguió con la vista y, de repente, bajó la cabeza y dejó de señalarme. Empezó a remover con sus alpargatas rotas el ladrillo picado del piso en el que se hundían las patas de hierro del banco verde de la plaza. Me dijo que las personas pueden observar la ley y, sin embargo eso carece de valor. Explicó tener un amigo preso por haberle robado a un cana y otro paseando por Europa con el dinero que consiguió al vender (aquí no mencionó la palabra robo) a escondidas y sin permiso las mejores joyas de su abuela moribunda... El viejo seguía murmurando y, en realidad, me alejé porque tuve miedo de que pensaran que también yo estaba loco. Crucé la calle y entré al café de la esquina. Pensaba en el viejo cuando vi, a través de uno de los ventanales, a cuatro policías prolijamente uniformados repartirse una coima recién cobrada a un pobre infeliz, asustado, que manejaba un cacharro de laburo en contramano. Cuando terminé de tomar el café balbuceé, a media voz, que la verdadera perfección de los hombres gravita, no en lo que tiene, si no en lo que es. La gente, sentada a las mesas de mí alrededor y el mozo me miraron con atención…
miércoles, 16 de diciembre de 2009
Nocturnos, en clave de ausencia
Decimosegundo Nocturno
Hoy; en el café Mingo decía que las mujeres se matizan antes de que llegue la noche. Éramos tres; él, Luis y yo. Sentados a la mesa, debido al imprevisto comentario, nos quedamos callados y lo miramos con sorpresa; pienso que cada uno pensó que, en realidad, Mingo solamente había bebido café pero seguía afirmando: “Sí; ustedes observen y van a ver que las mujeres se maquillan antes de la noche”.
Hicimos, a propósito, un silencio que denotara interés en el asunto y entonces Mingo siguió: “Se pintan los ojos, la nariz, los brazos, el hueco poplíteo, los dedos de los pies. Se pintan con maquillajes importados, con témperas, con lápices de fibra y, ¡zas! llega el alba y ¡ellas ya no están! A lo largo de la noche se van, borrando… despintando”.
Como tenía que apurarme porque llegaba tarde a mi cita con el odontólogo; me paré, dije “hasta luego” y dejé a Luis pidiendo un par de Güisquis... qué sé yo... maduré que cuando me sacasen el maldito dolor de muelas, entraría al café para pedirle a Mingo, si es que aún se conservaba sobrio, que me explique de nuevo eso de las mujeres… ¡Bah!
Hoy; en el café Mingo decía que las mujeres se matizan antes de que llegue la noche. Éramos tres; él, Luis y yo. Sentados a la mesa, debido al imprevisto comentario, nos quedamos callados y lo miramos con sorpresa; pienso que cada uno pensó que, en realidad, Mingo solamente había bebido café pero seguía afirmando: “Sí; ustedes observen y van a ver que las mujeres se maquillan antes de la noche”.
Hicimos, a propósito, un silencio que denotara interés en el asunto y entonces Mingo siguió: “Se pintan los ojos, la nariz, los brazos, el hueco poplíteo, los dedos de los pies. Se pintan con maquillajes importados, con témperas, con lápices de fibra y, ¡zas! llega el alba y ¡ellas ya no están! A lo largo de la noche se van, borrando… despintando”.
Como tenía que apurarme porque llegaba tarde a mi cita con el odontólogo; me paré, dije “hasta luego” y dejé a Luis pidiendo un par de Güisquis... qué sé yo... maduré que cuando me sacasen el maldito dolor de muelas, entraría al café para pedirle a Mingo, si es que aún se conservaba sobrio, que me explique de nuevo eso de las mujeres… ¡Bah!
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