viernes, 14 de mayo de 2010

Nocturnos, en clave de ausencia

Vigésimo cuarto nocturno

Jugar con las llamas. Aprender a no quemarse. Experiencias. Antifaz de los errores. Desencuentros. Bultos pesados arrojados lejos por temor. Con desconfianza de que alguien los encuentre y nos lo tiren en contra. Pero... hay un hito de belleza. De misterio. Inolvidable. Capaz de revelarlo todo.
Rocío. Lágrimas de luna robadas a una estrella. Coalición del hombre con la Creación. Arrebatarle una rosa al rosal. Moverle los átomos al universo. Desordenarle el cosmos a Dios.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Nocturnos, en clave de ausencia

Vigésimo tercer nocturno

No sé si es correcto sentirlo así, pero ¿quién puede discutirlo? Hoy, a mi terapeuta mientras anotaba la fecha y mi nombre en su cuaderno de notas le dije: “llegué caminando... la mañana está linda para caminar.” Ella me miró, se sonrió y arrojó con suavidad la lapicera arriba de la página en la que anota algunas cosas que, supongo, tendrán que ver con mis rayones. Como seguía sin decir nada le conté lo que había venido pensando en mi caminar, despreocupado, hasta el consultorio. Le dije: “Vea, yo no creo en la edad.” Me miró y preguntó a qué se debía esa conjetura. “No sé, ¿por qué?” y continué, “cumplí sesenta y seis años y el menor de mis amigos soy yo”. Ella siguió mirándome, escuchando, sin escribir nada; en realidad no buscaba que lo hiciera porque lo que le decía lo interpreté como algo fuera del contexto de mi sesión de ese día. Un comentario, al final de cuentas, sin importancia. Pero como se hizo una pausa un poco larga continué: “Se me ocurre que todos nosotros, los que somos más viejos debemos de tener en los ojos algo de pibes; aunque los pibes, cuando nos observan con detenimiento, a mí me parece, que lo hacen como si fuésemos ancianos.” Ella reaccionó diciendo: “A ver, a ver, ¿cómo es eso?”. “Qué sé yo, - continué diciéndole - ¿usted, no vio que los pibes en las escuelas se refieren a los profesores nombrándolos, por ejemplo, como el viejo de historia o la vieja de física...?” Ella se rió como si lo mío fuera una ocurrencia tonta. Eso me molestó, por lo que le dije: “Mire no se ría porque usted tiene menos de cuarenta y mi nieto cuando se refiere a usted, como su docente en la escuela, le dice la vieja del gabinete”...

La cuestión es que no escribió nada en mi hoja y me dio una explicación del asunto, por ahí, quizás freudiana mezclada con algo del Gestalt - supuse yo en mi ignorancia - que me dejó como preparado para que pensara en cualquier otra pavada de regreso a mi casa. Le pagué la sesión y cuando salí del consultorio repetí, para mis adentros, que yo seguía en lo mismo; que no creía en la edad y que mis amigos tenían razón en eso de que los sicólogos no te resuelven nada, simplemente uno paga un espacio en el que podés decir lo que mejor se te ocurra relacionado con vos mismo y que eso es lo que te ayuda a curarte de algunos rayones... En fin.

El tema es que no habría caminado más de cinco cuadras cuando, al cruzar la calle, un pibe que circulaba en bicicleta y en contramano casi me sienta de traste. Encima el mocoso me gritó: “¿por qué no mirás por dónde caminás, viejo de mierda?” Pensé en mandarlo a la put..., pero me contuve. Quizás la sesión de terapia, aunque no la había entendido muy bien, me habría servido de algo... Digo, no más, ¿no?

Nocturnos, en clave de ausencia

Vigésimo segundo nocturno

Cotidianamente refunfuña un muchacho, vecino de mi barrio, que no comprende por qué algunos, o la mayoría a veces, malgastan tanto el tiempo en nuestros días buscando el secreto de la vida cuando la respuesta es tan fácil. Para él el secreto de la vida está en el arte. Eso sí; no sólo es poeta, también pinta. Sus padres, a pesar de sus treinta y tanto de años, aún lo mantienen; la semana anterior le cambiaron el auto.

martes, 11 de mayo de 2010

Nocturnos, en clave de ausencia

Vigésimo primer nocturno

Callar. Manera de regañarle a las reflexiones.

Reflexionar. Combinar lo que se observa con lo que se escucha.

Dudar. Guardar los pensamientos.

Vivir. Aprender a hablar después de callar, reflexionar y dudar.

Incertidumbres. Pequeñeces que se arraigan. Que se llevan desde la niñez. Conflicto con lo desconocido. Tristezas que se avecinan a las reprimendas.

Retos, regaños y celos, que nos recluían en un rincón. Que nos hacían maquinar una historia. Una novela. Novelón profundo que aceleraba el brote de las lágrimas y los sollozos.

Reprimendas justas o injustas. Tristezas que hacían imaginar cosas... Que me escaparía. Que los años pasarían. Que viviría miserablemente. Que algún día volvería tocando a la puerta de mi casa y mamá no me reconocería. Que...

¡Bah! El momento pasaba y la penitencia se diluía en la sopa de la cena. La incomprensión se disolvía en el sueño reparador del imaginario recorrido por tantos caminos desconocidos. Una cama acojinada no sólo por sábanas y frazadas. Más bien, abrigada por el dulce beso del hasta mañana. Beso que, en la frente, nos daba mamá.

lunes, 3 de mayo de 2010

Nocturnos, en clave de ausencia

Vigésimo nocturno

¡Bah!... ella contó un imposible. ¿Dijo que lavó sus pies hinchados de oscuridad caminando descalza por la costa del río...? ¿Y que enceguecida por las luces no pudo ver cómo allá, detrás del puente, vergonzosamente escondida de la luna se suicidó una estrella? ¡No,...! claro que dudé, porque cuando está por comenzar la primavera nuestra noche apenas canta, enceguecida amante y desnuda, afinando sus cuerdas de estelas con el diapasón del frío del invierno que huye... Luego... después limpia su cuerpo bajo las lágrimas de los sauces... Por lo menos, así sucede en estos pagos...
¿En el mar? ¡Qué sé yo qué pasa con la noche en el mar...! Supongo que camina o nada por las profundidades del océano cantando afinados impromptus de sirenas... esos que le componen las olas a las Alfonsinas. ¡Mirá qué preguntas hacés...!
¡¿Aquí?!
Aquí, por lo visto, solamente se suicidan estrellas en un río ásperamente arcilloso y,... en fin. También eso tiene su belleza, ¿no?

martes, 27 de abril de 2010

Nocturnos, en clave de ausencia

Decimonoveno nocturno

¡¡¡Shhh!!!
¿Preguntás por qué te pido silencio? Acaso, ¿no te das cuenta de que está soñando? Leé; leé en silencio y te voy respondiendo. El diálogo, únicamente, es entre vos y yo. ¡No!, no se dará cuenta de que estamos conversando.
¡¡¡Shhh!!!
¿Qué es lo que sueña? Sus sueños son recurrentes y muchos. Leé; leé y, mientras tanto, te los iré contando.
¡¡¡Shhh!!!
Entre tantos sueños; sueña que los pájaros cantan porque deben hacer salir al sol y que las aves sobrevuelan los prados, los ríos y los mares porque deben hacer caer al día y que se sobrecogen para hacer la noche. Sueña que en los viñedos las uvas están llenas de vino. Sueña que sus deseos cumplidos suben, en múltiplos de tres, desde el horizonte al cielo, para hacer estrellas fugaces…
¡¡¡Shhh!!!
¡No!, no sueña que las cosas son al revés… ¡tonterías!; ¡nosotros las entendemos al revés porque estamos del otro lado de los sueños!
¡¡¡Shhh!!!

viernes, 23 de abril de 2010

Nocturnos, en clave de ausencia

Decimoctavo nocturno

¿Niñez?, qué sé yo... Lejos. Aunque nada, ni nadie, puede estar tan allá. Más alejado que el pensamiento o los recuerdos. Cosas que están adentro... Tan cerca de nosotros.
Pensar y recordar es parte del arte y quien lo hace gira en sí mismo, retrotrayendo la vida a la figura de su esencia. Un plano que separa los ángulos del pasado de los del futuro.
Ventanales de vidrio transparente en habitaciones que dan al patio, al jardín, a la luz... La pieza oscura producía temor; aunque el alivio acudía a la mente porque la noche aún no llegaba.